Si en la entrada anterior hablábamos de la nobleza desbordante y algo torpe de Luis José, hoy toca enfrentarnos a su antítesis, a su espejo y, paradójicamente, a su salvavidas. Hoy hablamos de Antonio.
Antonio es el escudo protector del grupo. Es ese tipo pragmático que se ríe del olor a Varón Dandy del suegro de su amigo y, en realidad es un perdedor como todo su entorno. Es la pura supervivencia de barrio. Sin embargo, bajo esa fachada de sarcasmo y chulería de asfalto, esconde un corazón enorme. Hablamos del hombre capaz de acoger a Luis José en el cuarto de la plancha para evitarle la indigencia absoluta, pero también del que, asfixiado por la rutina y el peso de sostener a todos en el “Día de la Marmota”, decide vender su propio piso en un ataque de pánico vital.

Alberto Mazarro, dando vida a Antonio en el cortometraje UNA LUZ EN NOCHEBUENA.
Construir a Antonio implicaba diseñar una bomba de relojería emocional. Dar vida a este cínico requería a alguien con un talento especial para la contención. Y quién mejor que Alberto Mazarro. Alberto es un pilar fundamental en mi vida y un actor versátil con el que he compartido batallas inolvidables, como cuando encarnó al inolvidable Dr. Pérez en Gemma Galgani. Alberto sabe darle a Antonio esa mirada cansada, de hombre de vuelta de todo. Pero la verdadera magia de su interpretación ocurre cuando esa máscara se resquebraja. Verle en el set rompiendo el contrato de arras en medio de un pinar, asumiendo su propio terror a la soledad tras enfrentarse a su yo del futuro, es sobrecogedor.
Antonio es el encargado de mantener los pies en la tierra, aunque la tierra le queme. Es quien sabe que la vida es dura y que las facturas no se pagan solas, lo que le lleva a adoptar una postura defensiva ante cualquier atisbo de debilidad emocional. Sin embargo, su conflicto interno es fascinante: cuanto más intenta alejarse de los demás para protegerse, más necesita de ese grupo de inadaptados para no desaparecer. Es la lucha de un hombre que se cree dueño de su destino, pero que en el fondo sabe que sin Luis José, sin Ana y sin el caos de sus amigos, su vida carecería de sentido.
Él es quien marca el ritmo de nuestras historias. Es el hombre que prefiere que le llamen cínico antes que tener que admitir que está aterrorizado por el mañana. Antonio no es un héroe de película, es un tipo que intenta sobrevivir a su propia mediocridad y a su miedo a ser olvidado. Es el ancla que, aunque a veces nos arrastre al fondo, es la única que evita que salgamos disparados hacia el vacío.
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