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JUSTO: El glamour de la Costa Blanca (Diego Mendoza)

Hablemos de la más reciente y explosiva incorporación a esta familia disfuncional: Justo. El hermano de Luis José.

Justo es el exceso, la vanidad y la fantasía en estado puro. Es un hombre que se quedó mentalmente atrapado en su “época dorada” de los 80, posando subido a una bicicleta estática con camisas de seda gigantes, convencido de que su pasado como bailarín junto a María Jesús y su acordeón le abrirá las puertas de un casting en Telecinco. Su aparición en medio de la crudeza de El silencio del mañana, quejándose del polvo del campo y calzándose sus zapatos de rejilla porque “la elegancia no toma vacaciones”, aporta un contraste hilarante a la tragedia cotidiana del resto del grupo. Detrás de su laca, sus poses y sus ínfulas de gran artista, Justo esconde un miedo atroz a la pobreza, a ser un don nadie y a terminar sus días en una pensión de mala muerte.

Para dar vida a este dandi trasnochado contamos con Diego Mendoza. A Diego lo tuvimos maravilloso, solemne e impecable interpretando al Padre Aquilino en Gemma Galgani. Sacarle de los oscuros hábitos sacerdotales y meterle de lleno en la piel de un personaje tan estrambótico, histriónico y lleno de gestos obsesivos ha sido un regalo para la dirección de actores. Diego ha entendido perfectamente que la comedia de Justo no nace de la parodia, sino de su absoluta y dolorosa desconexión con la realidad que le rodea.

Diego Mendoza interpretando a Justo.

Diego Mendoza interpretando a Justo.

Justo es el contrapunto cómico más necesario. Es alguien que vive en una película de serie B dentro de un drama existencial. Mientras los demás se ahogan en sus culpas, Justo se preocupa de si su tupé resistirá la humedad del ambiente. Pero no se equivoquen: tras esa fachada de muñeco articulado, hay una tristeza profunda. Su desconexión es, en realidad, un mecanismo de defensa para no enfrentarse a que su gloria pasada nunca existió.

Lo mejor de Justo es que, a pesar de sus excentricidades, acaba siendo aceptado por el grupo. Y es que en esta familia, la vanidad de Justo tiene tanto derecho a existir como la ruina de Luis José o el miedo de Antonio. Diego Mendoza aporta esa humanidad, demostrando que debajo de la seda salvaje hay un hombre que solo quiere sentirse importante una vez más. Es un personaje que nos recuerda que todos necesitamos un poco de fantasía para sobrevivir a la grisura de los días.

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