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ANA: La franqueza que desarma tempestades (Laura Lebó)

El universo de estos hombres perdidos se vendría abajo irremediablemente si no fuera por el ancla de la realidad: Ana.

Ana es la racionalidad feroz, la voz que no tiembla. En un grupo de hombres que viven de ilusiones pasadas o miedos futuros, ella es el presente absoluto. Es la mujer capaz de desenterrar sus sueños rotos, y una vieja muñeca Jesmar, para coger fuerzas, mirarse al espejo y echar de su vida a Paco, un marido que la ahogaba en alcohol y miseria cotidiana. Es también la que no duda en enfrentarse cara a cara con la altivez y el clasismo del Padre Orellana, golpeando la mesa para defender la dignidad de su familia elegida. Y, por supuesto, es la única que ve a través de las excusas baratas de Antonio cuando este intenta justificar su huida cobarde. Ana no juzga a los suyos, pero no les consiente ni una sola mentira.

Laura Lebó, dando vida a Ana en FUNERAL DE PAYASO.

Laura Lebó, dando vida a Ana en FUNERAL DE PAYASO.

Escribir a Ana es un ejercicio de honestidad brutal, pero verla encarnada por Laura Lebó es, sencillamente, que la vida se convierta en cine. Laura es una fuerza de la naturaleza frente a la cámara. Ya lo demostró dejándose el alma, la piel y las entrañas interpretando a Santa Gemma en nuestro último largometraje biográfico, GEMMA GALGANI, un trabajo actoral demoledor que estrenamos en cines en febrero y que ahora ya se puede disfrutar en plataformas. En la piel de Ana, Laura aparca el misticismo y saca a relucir una contundencia terrenal y un cinismo tierno que hipnotiza.

Lo que hace a Ana un personaje indispensable es su capacidad para ser el espejo donde ellos se ven reflejados. Mientras Luis José se pierde en su drama y Antonio se oculta tras su coraza, Ana simplemente señala la verdad. Su fuerza no reside en los gritos, sino en la calma con la que observa el desastre. Ella es quien, con una sola mirada, puede hacer que un cura se cuestione su alzacuellos o que un hombre arruinado vuelva a encontrar la dignidad. Es el motor que impulsa a los demás a dejar de esconderse.

Ana nos enseña que el valor no es la ausencia de miedo, sino la decisión de que algo es más importante que ese miedo. Su viaje es el más transformador de toda nuestra filmografía: pasa de ser alguien que “enterraba” sus promesas a ser la mujer que se desentierra a sí misma. Es un personaje que nos recuerda que nunca es demasiado tarde para cerrar puertas y que, a veces, la mayor valentía consiste simplemente en decir “basta”.

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